Nuestro mundo lleva varias decadas envuelto en una explosión cada vez más violenta y acelerada de innovaciones tecnológicas continuas, una especie de crecimiento de posibilidades que parece no tener fin. Un bombardeo masivo de avances a este punto tan feroz que muchos han perdido la sensibilidad ante noticias de nuevos avances (cambio significativo respecto al entusiasmo cultural expandido que mostró la sociedad mundial al inicio de este fenomeno).
Este tiempo de avances continuo nos ofrece un mundo virtual, del que este artículo forma una parte minuscula y, que nos absorbe de manera cada vez más obsesiva. Nuestra relación con lo virtual es cada vez menos sana por la falta del tan bondadoso equilibrio sobre el que hemos perdido costumbre.
Hemos virtualizado nuestra existencia y creado nuevas necesidades. La sociedad actual está en un dilema original y complicado que aún no descubre cómo resolver.
En respuesta, pueden reconocerse al menos dos movimientos en apariencia opuestos pero profundamente similares:
- El escapismo digital: Es decir, la busqueda de una vida metaversal. Un escape a los mundos de nuestra maquinal creación y sobre los que se han escrito y producido ya tantas historias distópicas acerca de las consecuencias de abandonar nuestros cuerpos y mundo físico.
- El escapismo analógico: Una regresión anacrónica que busca refugio en una imagen romantizada del pasado. La esperanza de que podamos resolver los excesos de la tecnología rechazándola, ignorándola o limitándonos a versiones anteriores de ella. Una respuesta comprensible, pero tan incapaz de detener el avance tecnológico como el escapismo digital lo es de sustituir la realidad física.
La nostalgia puede llegar a ser tan evasiva como la fantasía.
Aún cuando he elegido escribir las líneas de este artículo primero en papel que en teclado, les pido no escapar al pasado por el cansancio y miedo que nos produce la visión de un desequilibrado presente y un distopico futuro (aunque si han leido suficientes distopias algunos reconceran que eso ya es el presente).
No nieguen la virtualidad que exige nuestro progreso, pero tampoco huyan a la fantasía que nos ofrece.
Creo que pueden reconocer tanto como yo que el dominio de las pasiones y la permanencia ataraxica en el camino del medio es un desafío muy grande para mortales no iluminados como nostros; por eso, sería injusto pedirles tal cosa.
No dependamos de nuestro autodominio ni confiemos ciegamente en nuestra disciplina. Cortemos la mano que nos incita a pecar, atemonos al mastil mientras cruzamos el mar infestado de sirenas para no caer al agua. Es decir, equilibremos el mundo en vez de a nosotros: desarrollemos una sociedad post-virtual.
La siguiente etapa no debe ser pre-tecnológica ni metaversal, sino post-virtual.
Dejemos de solo adaptar lo físico al mundo virtual y empecemos a adaptar lo virtual al mundo físico. Porque el progreso exige volver a la tecnología más compatible con la vida humana.
Construyamos tecnología que respete nuestras limitaciones, ritmos y necesidades mientras nos expande como seres. No hagamos las cosas más complejas sino más simples.
Nosotros, en BCC, creemos que este cambio no ocurrirá por accidente. Creemos que la tecnología debe diseñarse deliberadamente para servir a la vida humana y no al revés. En esto consiste una sociedad post-virtual.
Esa es nuestra visión, apoyanos si la compartes. Gracias por leer.